Wonder Woman: el lesbianismo, la verdadera tragedia griega.

Cuando hablamos de Wonder Woman tenemos que pensar en el amor. Cualquier cómic con ella como protagonista tiene que tener este tema como uno de los principales o se perdería la principal esencia del personaje.

No os confundais y os quedéis en lo básico. No hablamos de meter a Diana en tramas románticas, sino de mostrar en las páginas todos los matices del amor, y las formas de expresarlo, del interior al exterior, hasta sus últimas consecuencias.

La Verdadera Amazona de Jill Thomspon enfrenta en cierto modo a dos fuerzas de la narrativas como son Hippolyta y Diana. Evidentemente no es un enfrentamiento violento, el vínculo que las une es un amor madre-hija incondicional, que se complementa con los lazos existentes con el resto de personajes que aparecen en la historia.

Este cómic no es una historia más de Wonder Woman, donde Diana es la amazona más pura y noble, sino que lo convierte en una tragedia griega, en el que nuestro personaje principal, una princesa nacida por la voluntad de los dioses, hija única de la reina, la única niña en Themyscira, se convierte en una joven caprichosa y egocéntrica. Para esta historia, Thompson se basa en los pilares de la tragedia griega: la pasión que irremediablemente acabará en fatalidad, el uso del narrador que hace las veces de coro. A esta nueva interpretación del origen de Wonder Woman, le añade un monomito (el viaje del héroe) que dejará abierto, lo que hace que este cómic pueda servir como base a lectores no iniciados en Wonder Woman.

Thompson es consciente de que escribe un personaje que todos conocemos, que todos tenemos en nuestra mente a la Diana justa, valiente y amable, y por ello, quiere darle más valor a esas cualidades diciéndonos que no siempre fue así. No son virtudes otorgadas por los Dioses, ni el carácter natural de Diana, son conquistas y lecciones que se ha ganado a pulso, de las que ha demostrado ser merecedora. Encontramos un personaje que no solo cambia a los demás a través del poder del amor, también cambia y crece porque es capaz de amar.

Otra vez, que no es ese tipo de amor. Vámonos al principio y os explicamos.

Como siempre le da autoridad a un artículo mencionar a David Fincher, nos vamos a permitir el lujo de mencionar la famosa frase de Se7en “Hell, love costs: it takes effort and work.” a eso es a lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de amor, que no es solo la vida de Diana. Hippolyta carga con el dolor, el sufrimiento y la responsabilidad de ser la reina de las Amazonas, pero es su amor, su manifestación pura y simple de amor incondicional la que trae a la vida a Diana y acaba guiándola hasta convertirse en Wonder Woman.

En la obra de Thompson el papel de Hippolyta queda desplazado cuando Diana asume por completo el protagonismo, pero la introducción que tiene la madre, cómo ha plasmado el llanto del deseo de una hija, como este incluso ha conmovido a los dioses, hace que Hippolyta esté en cada viñeta sin estar necesariamente dibujada. Diana es el fruto del amor incondicional de Hippolyta y de sus hermanas amazonas, que quieren a la criatura hasta ser capaces de perdonarle todo. Y aquí vemos lo que quizás sea el tema central de la obra: el amor también implica responsabilidad. Querer a alguien incondicionalmente también significa ser sinceros y justos cuando no han hecho algo bien, les debemos la oportunidad de ser la mejor persona que puedan llegar a ser. Una responsabilidad que Alethea entiende muy bien.

Diana no es una chica dulce que se gana el título de mejor Amazona por altruísmo y amor hacia sus hermanas. En esta versión a Diana la podríamos tirar por el primer acantilado de Themyscira porque su amor no va hacia sus hermanas, se crece en su interior. Está encantada de conocerse, es el amor propio en su máxima expresión. La única fuerza que parece mover a Diana para convertirse en la mejor amazona es la necesidad de que otros la vean como ella se ve a sí misma. Y entonces conoce a Alethea, lo que le obligará a entender las cosas desde una perspectiva diferente. No es casualidad que la Alétheia sea en Filosofía un concepto que se refiere a la sinceridad y a la realidad, que literalmente puede traducirse como “aquello que no está oculto, lo que es verdadero.”   

Alethea obliga a Diana a cambiar, aunque ella al principio no lo sepa. En un primer momento, los motivos que mueven a Diana son los mismos que le han movido hasta ahora, el egoísmo y el egocentrismo, quiere que Alethea la quiera como se quiere ella a sí misma. Y le pone empeño, Diana intenta convertirse en la amazona virtuosa que debería haber sido, pero se encuentra con la verdad del amor: que nos hace sentirnos vulnerables, lo que unido a su personalidad ególatra, la lleva a cometer un error del que tendrá que arrepentirse siempre.

La línea que separa el quererse a uno mismo de esta manera y querer a las personas que te rodean es el miedo. Thompson lo ha plasmado aquí en los monstruos que salen de la trompeta de Diana, del aire de sus pulmones, de su interior.

Diana deja que el miedo se lleve lo mejor de ella, pero también le hace descubrir lo que no sabía que tenía. Al ver a sus hermanas en peligro de muerte sale de ella la fiereza y la fuerza del amor por protegerlas, no por demostrar nada, no por ganarse su adulación, sino porque las quiere y quiere protegerlas. Justo el elemento trágico de esta trama hace que la frontera entre la egolatría y el altruismo se defina más. Diana entiende la fuerza del amor en todas sus variantes y consecuencias.

Llegamos literalmente al abismo de la historia. Hippolyta descubre todo lo que ha sucedido, Diana está desgarrada completamente y las Amazonas claman justicia por lo ocurrido. Sólo queda último personaje por entrar en escena, que arroje algo de luz esperanzadora a la escena: Lucía (del latín, lux). Ella será la única que representará el último tipo de amor en este cómic: el perdón que sana el dolor y el sacrificio de una madre, el amor carnal y espiritual de Diana y la frustración de Themyscira.

Aún así, Diana ha de marchar y abandonar el paraíso que la ha visto crecer y madurar. Ha de partir para poner fin a los males que ha causado e iniciar así un viaje de redención que sabemos que acabará bien. ¿Por qué lo sabemos? Porque aparte de que es Wonder Woman, Lucía es además de ser literalmente la luz de Themyscira, es el Oráculo y sus últimas palabras fueron recordar que las amazonas no son despiadadas y que en cierta manera, de nada sirve la venganza o un terrible castigo contra Diana.

Nuestra Wonder Woman se dirige a las tierras del hombre llevando consigo el conocimiento del dolor y el sacrificio, el perdón y esa línea bien marcada sobre lo que el miedo es capaz de crear y cómo vencerlo a tiempo significa querer y amar.

(Vamos, que Jill Thomspon ha hecho una tragedia griega cojonuda)