Persépolis o la identidad en tiempos de guerra

El sur, Andalucía en concreto, siempre ha sido considerado un lugar de habitantes incultos, paletos que viven en el campo y hablan a voces. Tenemos un acento que nos condena al abrir la boca, expresiones que – dependiendo del tono – significan una cosa u otra. Tenemos la fama de estar siempre de fiesta, de patillas engominadas, pasos de Semana Santa 24/7 y serios debates sobre las mejores tapas o salmorejo. Nuestras casas huelen a sofrito y cuando no nos morimos de calor, la luz nos ciega al reflejarse en las fachadas blancas.

¿Y quién odia esto más que nada en este mundo? Nosotros. ¿Quién no cambiaría esto por nada del mundo? Nozotros.

Creo que lo llaman ‘tener duende’, un color especial o lo que sea, pero si paseamos por las juderías, los patios de naranjos, las avenidas y las catedrales algo nos burbujea por dentro.

Y uno no se da cuenta de eso hasta que se va de casa.

Esta generación va a pasar la historia como la primera en tener un gran deseo por morirse prontito, tener una carpeta llena de memes y, al menos una vez en su vida, haber tenido que irse fuera a buscarse las habichuelas y ahí, amigo, si eres del sur lo vas a tener crudo. Desde nuestra experiencia no hemos tenido nada equiparable a lo vivido por Marjane Satrapi, sólo listas interminables de bromas con nuestro acento o aquella vez en Barcelona donde un individuo intentó ligar con nosotras por ser de Sevilla. Empezó a dar datos de la ciudad para quedar bien y se fue retirando a medida que le íbamos corrigiendo cada frase. Todo empeoraba cuando él se reía de nuestras correcciones.

De ese sentimiento de indignación surge muchas veces la necesidad de aprender sobre tu historia, tu cultura y saber de dónde vienes. Que al fin y al cabo es totalmente aleatorio, sí. El sentimiento patriótico muchas veces nos lleva a desastres de guerra, pero cuando estás fuera de casa, una busca donde sea un viento que la traiga de nuevo a sus tierras.

Aparece una chica con un enorme mapa entre sus manos al que no deja de darle vueltas. Tras ella un par de maletas. Se ha parado en mitad del puente y busca pedir unas indicaciones.

  • Señor, discúlpeme, ¿podría señalarme en el mapa dónde está Triana?
  • ¿Triana? Triana no está en un mapa, Triana é la jente, miarma – y se va.

La chica se queda con una de incertidumbre aún mayor hasta que servidora salió en su ayuda.

Es una anécdota que siempre me ha hecho gracia, una frase que siempre digo cuando paso por allí y que verdaderamente sentí cuando Victoria vino a Barcelona. Había alivio en poder hablar con tranquilidad sin miedo al ceceo y eso que ella es de Madrid y ha vivido gran parte de su vida allí.

“Era una occidental en Irán y una iraní en Occidente. No tenía identidad alguna, ni siquiera sabía por qué vivía”

Elegir un tema para este artículo fue complicado. Primero por todo el trasfondo cultural y religioso que la autora despliega en estas páginas y segundo porque no sabíamos exactamente en qué centrarnos. Es una obra que, no vamos a decir atemporal porque evidentemente trata unas fechas concretas de la Historia, pero sí que conserva un discurso actualizado para cada época: la pérdida de la identidad y la búsqueda de esta.

Pero vamos a empezar por el principio: Persépolis es una obra autobiográfica de Marjane Satrapi donde narra su infancia y adolescencia durante la Revolución Iraní a finales de los años 70. Vamos a asistir de primera mano a cómo el ambiente bélico de aquellos años hace que nuestra protagonista adopte una actitud crítica y reflexiva respecto a su propio país. Veremos sus errores, cómo los acepta y corrige en un encuentro con la lectura y la constante inquietud por el conocimiento. Marjane siempre anima a leer, informarse, comprender y desarrollar una opinión propia. Esto último es para nosotras lo más importante de la obra.

El miedo es lo que nos hace perder nuestra conciencia. También es lo que nos convierte en cobardes.

Ojalá todos fuésemos más como la abuela de Marjane. Esta es una frase que todos deberíamos releer cada cierto tiempo y poner en práctica en nuestro día a día.

De seguir esta reflexión añadiríamos la famosa frase de Yoda de cómo el miedo lleva a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento. ¿Prueba de ello? Persépolis es uno de los nosecuántos cómic retirados de las escuelas públicas de Chicago por uso “inapropiado” del lenguaje e imágenes, escenas específicas de tortura, rebelión y sexo. La guinda del pastel fue que también se le acusó de adoctrinamiento islámico. Cosa que corrigieron rápidamente diciendo que era una obra que atentaba contra la sensibilidad de los estudiantes musulmanes. Una obra, RECORDEMOS, escrita por una iraní sobre la revolución y la guerra de Irán e Iraq donde el lector es testigo de lo que es vivir sobre un gobierno represivo con distintos puntos de vista. Es una obra que levanta ampollas a los sectores más conservadores: Persépolis discute la separación de la Iglesia y el Estado, una Marjane muy joven habla con Dios fantaseando con ser la próxima profeta y le discute sus decisiones cuando las acciones de la guerra le afectaron directamente, habla también de sus compañeros de piso homosexuales, fuma como acto de rebeldía y demás cosas que van en contra de la moral cristiana (que para eso es la que le está censurando). No se está protegiendo la sensibilidad islámica, simplemente se protegen a los chavales de pensar y tener un juicio de valor propio. Se tiene miedo de la gente que piense por sí misma, a que se encuentren entre estas páginas.

Actos como estos siguen negando a Marjane Satrapi de la memoria colectiva.

Al final, ni Marjane ni nosotras tenemos la solución. Nosotras seguimos perdidas en nuestra búsqueda de la entidad propia y nos hace sentirnos un poco mejor pensar que al final todo el mundo está en la misma posición.

No podemos evitar terminar este artículo con la idea en Ciencia Política de que la identidad en sí no existe (en concreto la de los países, pero eso vamos a ignorarlo), la identidad se crea en contraposición a otra cosa. No sabemos muy bien lo que somos, pero sabemos lo que no somos y por esa dicotomía nosotros – ellos nos creamos identidades que guían nuestras actuaciones. Aquí lo jodido es cuando eres tanto un nosotros como un ellos.

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