Mi experiencia lesbiana con la Soledad, de Kabi Nagata.

Al principio, estás lleno de preguntas sin respuestas. Luego pasan a convertirse en unas dudas tan profundas que, finalmente, te bloquean por completo, a un nivel tan bestial, que incluso eres incapaz de ejecutar ciertas acciones básicas de saber estar y comportarse en sociedad, como si se hubiesen borrado de tu memoria y ahora resultase imposible volver a aprenderlas.

Este es el relato que Kabi Nagata cuenta en su manga autobiográfico Mi Experiencia Lesbiana con la Soledad. Una historia en donde podemos asistir a los diferentes intentos de una chica por salir de una depresión que ni ella recuerda o sabe cuándo ha empezado.

Avisamos que no es una lectura agradable, a veces divertida, a veces adorable, pero no agradable, y que deberéis reservarla para cuando vuestro estado de ánimo pueda entender la diferencia entre un final feliz y un buen comienzo.

Cansada porque a sus 28 años nunca ha tenido pareja, una cita o alguna vivencia sexual, nuestra protagonista decide poner fin a todo ello yendo a un love hotel -sí, un hotel para tener sexo- con una prostituta que contrata por Internet. La dificultad añadida es que, no sólo tiene nulas capacidades sociales, sino que además ha descubierto que es lesbiana. Si ya sabía poco sobre el sexo heterosexual, el homosexual es un abismo.

¿Cómo pasa de tener una depresión horrible a sacar el valor para ir a un lugar como este donde estará completamente expuesta? Pues esa es la aventura en la que nos embarcamos. Vamos a asistir a momentos durísimos, de tocar fondo -y más-, y momentos con leves destellos de mejoría, pequeños logros en su vida personal.

La dinámica del manga se basa en dos líneas de pensamiento contrapuestas: la idea que ella tiene -y quiere- tener de sí misma, y la que quiere ser para sus padres. Es la segunda la que desajusta por completo la personalidad, aún por desarrollar, de la protagonista; la que hace una autocensura previa en pos de llegar a ser la hija ideal. Claro que en ningún momento los padres verbalizan todo esto. Ella es sólo el medio de fracasar como hija, algo con lo que todos podemos sentirnos identificados y que muy pocos podemos superar.

Claro que Kabi lo tiene un poquito más complicado, ya que lanza a la cara de sus padres cómo descubrió que tenía depresión, cómo perdió la virginidad en un hotel con un escort y cómo, a partir de esta experiencia, ella es capaz de autodescubrirse; y que esta historia no sólo la van a leer tres gatos en Internet, sino medio mundo -y que ganará varios premios por ello-.

 

El uso de la narrativa gráfica aquí resulta una herramienta bastante útil para explicar el “proceso lógico” de la depresión, podemos ver claramente cuáles son sus causas y efectos de una manera muy eficaz. Todo ello subrayado aún más por el estilo del manga, con el uso de líneas y más líneas rectas y curvas que dan dinamismo a una Kabi Nagata nerviosa e inquieta a la hora de tener que elegir un love hotel o que se siente miserable.

Además, el uso del color -tonos de rosa, blanco y gris- nos ayudan aún más a centrarnos -y a reforzar- aún más las distintas emociones que la autora quiere proyectar.

Todo en conjunto nos da el resultado de una narrativa visual muy poderosa, nos queda bien claro que tener depresión no es simplemente ‘estar triste’, y también es, por ejemplo, no encontrar la fuerza necesaria para ducharte todos los días o verle siquiera sentido.

La selección de pequeños momentos de su vida, retratados con ese estilo, hace que lleguemos a las capas más ocultas de la vida de Kabi Nagata con bastante facilidad. También es que ella se expresa sin pudor alguno -y por eso recordamos que es una lectura difícil-.

Estáis avisados. De veras, no queremos dar más detalles. Si os sirve como La Crítica, aquí en Avocadon’t no hemos reseñado hasta ahora ningún manga, pero su lectura nos ha parecido brutal y muy sincera ante todo, de esas historias que rara vez encuentras. Tal ha sido su efecto que estamos deseando leer el segundo número para celebrar con ella todos los éxitos de este primer manga.

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