La Sociedad de los Dragones de Té de Katie O’Neill

La Sociedad de los Dragones de Té ha tenido que ser un cómic corto porque así son los recuerdos: su construcción tal vez requiera mucho tiempo, pero una vez que lo evocamos es algo efímero y sólo nos queda de él un rastro de calor.

Justo como el té. Su elaboración requiere una duración concreta, se puede beber a grandes sorbos, para dejarnos una sensación agradable y tranquila.

Incluso los cómics pueden entrar dentro de este ejemplo.

Con esta obra, Katie O’Neill hace un homenaje a aquellas cosas (en este caso artesanías) que corren el peligro de perderse ya que no hay una utilidad real en ellas. ¿Dónde está el balance entre crear cosas por la nostalgia y en su real uso? A todos nos da un poco de miedo olvidar y nos invade una sensación agradable cuando nos hacen recordar.