Idiotizadas de Moderna de Pueblo

Cuando de pequeñas veíamos películas Disney, no creo que ninguna pensábamos que íbamos a acabar viviendo en una suerte de distopía multimedia en la que Disney controla prácticamente todo el contenido audiovisual que consumimos. 

Raquel Córcoles – o Moderna de Pueblo como la conocemos la mayoría – nos lleva a otro mundo controlado por Disney. O más bien nos señala otra de las formas en las que el ratón más famoso del mundo afecta a nuestras vidas. Aunque todo hay que decirlo, Disney no inventó el machismo, solo hizo de su divulgación un arte.

Si has tenido la suerte de que el feminismo llegase a tu vida, habrás pasado por ese traumático momento en el que vuelves a ver tu película Disney favorita y te das cuenta de que no es precisamente feminista. Y, por desgracia, pocas películas están libres de crítica en este sentido. En nuestro caso, a pesar de conseguir que Ro fuese cantando a favor del voto a las mujeres desde bien pequeñita, la Señora Banks en Mary Poppins es difícilmente es un ejemplo de mujer empoderada. Ni siquiera Mulán – la favorita de Paula y la primera película que Ro recuerda haber visto en el cine – se escapa, con unos estereotipos de género dignos de la viñeta de humor más Boomer

Idiotizadas es un cómic que viene a darte un besito en la frente y asegurarte que, efectivamente, no estás loca, creciste viendo películas con unos mensajes machistas muy tochos, porque era – y sigue siendo – una sociedad machista, y Disney ha hecho más daño a nuestras jóvenes mentes de lo que imaginamos, pero con el sentido del humor típico de Moderna de Pueblo.

Ni hay finales felices como en los cuentos, ni vale la pena pagar el precio de intentarlo siquiera. A través de diferentes personajes – en los que te vas a ver identificada, o por lo menos, a reconocer mujeres que conoces  – el libro va a tocar temas desde la presión por la maternidad, las relaciones románticas y el matrimonio como meta alrededor de la cual debe orbitar la existencia femenina, e incluso los sacrificios que se esperan de nosotras para conseguirlo, citando a Mulán:

How ‘bout a girl who’s got a brain / Cabeza aguda y gran saber,

Who always speaks her mind? / ¿juiciosa para hablar?

Nah

Es muy fácil identificar el machismo más extremista y rancio, nivel los comentarios del cuñado en Navidad, o de tu abuelo en Nochebuena, y difícilmente vamos a encontrar gente dispuesto a defenderlo – bueno, excepto los 3.640.063 que lo votaron. Pero hay un machismo que nos pasa mucho más desapercibido, porque lleva ahí toda la vida  y no nos escapamos ninguna. Crecemos en la sociedad que crecemos, con la socialización que nos toca y eso significaba y sigue significando una sociedad machista. Ni la más empoderada se escapa de las inseguridades que nos crea una vida entera de discriminación. Desde lo que nos llevamos a la boca – en todos los sentidos – hasta lo que hacemos con nuestra vida, todo está sujeto a la crítica de una sociedad a la que le cuesta aceptar que las mujeres son seres humanos y no princesas de cuento. Y como hemos dicho antes, algunas tenemos suerte y nos llega el hada del feminismo y nos abre los ojos, como también le pasa a Moderna de Pueblo, pero muchas, empezando a veces por nuestras propias madres, no llegan a cuestionarse nunca de dónde salen esas expectativas o si realmente han hecho lo que querían y no lo que se esperaba de ellas. 

Irónicamente, cuando empezamos con este blog hace ya dos añazos, una de las cosas que más nos preguntaban (amigos y familiares, porque éramos, y seguimos siendo, unos mocos) era que si íbamos a reseñar a Moderna de Pueblo, y nuestra respuesta siempre era un rotundo “NO”, porque queríamos darle voz y visibilidad a obras escritas por autoras que habían pasado desapercibidas, porque nos parecía, en el fondo, que Moderna de Pueblo era un cómic estereotípicamente femenino del que nos alejábamos por alguna razón. Y aquí estamos ahora, que no os podemos recomendar más este libro. Os vais a reír, os vais a ver identificadas y vais a seguir pensando que el machismo es una mierda, pero que los finales felices los decidimos nosotras y que la sociedad se puede meter sus expectativas de género por donde le quepan.