Goddess Mode o las W.I.T.C.H. para Millenials desencantadas

“If no one’s going to save us, then we can save each other. If they want to be relentless, we can be dauntless. If they want to make us monsters, we can be heroes.” 

Si para algo existe el cyberpunk es para contar historias que sirvan, en primer lugar, para presentar un futuro cercano en donde (¡sí!) nos vamos a ir al carajo de una forma u otra; y en segundo lugar, para recordarnos que, a pesar de ese futuro distópico, aún vale la pena esforzarse para intentar cambiar las cosas. Que se consiga o no, ya es algo que tendréis que leer en este viaje que guioniza Zoe Quinn con Robbi Rodríguez y Rico Renzi. Solo os decimos que si leísteis las W.i.t.c.h. en vuestra adolescencia y ahora os cuesta encontrar razones para levantaros por la mañana, es vuestro cómic.

Como es costumbre en las lecturas Avocadon’t este cómic es muy gay, con muchos colorines y con mujeres dando hostias. Era cuestión de tiempo que Goddess Mode cayese en nuestras manos y así ha ocurrido. Ha tenido un plus en su elección, la premisa de su historia: intentar encontrar un balance entre tú misma y un sistema injusto y asimétrico que nadie ha elegido. Todo esto se personifica en Cassandra Price, quien está atrapada en un trabajo de mierda en una megacorporación que su padre ayudó a construir, como “code janitor” de una IA de la que ahora depende la humanidad, un trabajo que a duras penas le permite conservar un seguro médico que mantenga con vida a su padre, a quien una enfermedad ha dejado en coma.

Aunque esto pueda parecer un episodio de Black Mirror, Quinn no se queda en un simple “la tecnología es mala”, sino que nos habla, desde su propia experiencia como alguien que ha encontrado en internet un lugar donde encontrar su identidad, sobre el potencial de la tecnología como herramienta y la importancia de mantenerla libre y al alcance de todos. Bajo el control de unos cuantos que buscan sacar beneficio, la tecnología es nuestro mayor enemigo, pero también es una herramienta crucial a la hora de dar oportunidades a aquellos a los que el sistema deja al margen. La crítica al sistema capitalista y a su control sobre la tecnología no está precisamente velada en este cómic y, mientras que nos empuja a seguir resistiendo, también es muy consciente de la asimetría de poder en esta lucha.  

En los primeros números vamos a conocer la vida analógica de Cassandra Price, controlada y comercializada hasta el más mínimo detalle por la omnipresente y omnipotente Hermeticorp, y descubriremos con ella un mundo digital oculto para la mayoría, Azoth, que parece amenazar la estabilidad del mundo analógico, que sigue las reglas básicas de cualquier manual de rol de cyberpunk: si entras y mueres, también mueres en el plano físico. Y en esas están atrapadas las Tall Poppies, quienes están básicamente condenadas a luchar eternamente contra los Daemons, criaturas que intentan  darles caza en cualquier plano de la realidad, para ganarse su supervivencia.

En Azoth, Casandra descubrirá un universo desconocido, donde se libra una guerra completamente secreta y de la que formará parte a regañadientes. 

El motor del que se sirve Goddess Mode, es que la historia ya ha comenzado sin nosotras. Cassandra descubre el submundo de Azoth casi por accidente y ahora tenemos que averiguar qué es lo que ocurre allí. Tiene que darse en prisa en aprender unas habilidades que pueden salvarse la vida, y esto es lo original del cómic: la magia.

Al igual como ocurría con las W.I.T.C.H. que mencionabamos antes, cada una de las chicas va a estar atada a un tipo de magia que es propia de su personalidad. Para poder controlar sus poderes como Oráculo de la Basura, Cassandra  tendrá que aceptar que no pasa nada por ser un desastre de persona.

Quizás, lo mejor del cómic es cómo se refleja esa impotencia de querer ayudar a alguien cuando sabes que no tienes ni la fuerza, ni la habilidad para ello. Muchas veces sólo podemos ver cómo un ser querido se derrumba sin que podamos hacer prácticamente nada, o nos sentimos horrorizadas por cómo lo que creíamos que era una buena acción resulta tener resultados catastróficos.

Otro elemento interesante es la justificación de los Daemons dentro de esta historia: si alguien entra en el mundo digital y sobrevive, quedas marcada, es decir, volverán a por ti en el mundo digital o en el analógico. Nos parece una metáfora genial sobre lo que significa exponerse en el mundo digital y de lo que significa tener un troll en Internet: alguien puede volverte vulnerable desde cualquier parte del mundo, lanzarte cualquier tipo de comentario para herirte y tú sólo puedes pelear y pelear una y otra vez. Ante estas situaciones tan tóxicas, que Quinn conoce demasiado bien, Goddess Mode se presenta como una forma de hacerle frente a todo eso y lo mejor: no tienes por qué hacerlo sola.

La única pega que le podemos sacar al cómic es que resulta a veces cargante en la composición de viñetas: las escenas de diálogo están descompensadas y a veces el dibujo no ayuda a enfatizar las emociones de los personajes. A pesar que el dibujo parece flojear de vez en cuando, en conjunto es un cómic muy visual que casa estupendamente con una historia que lucha por encontrar luz en la oscuridad.

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