El azul es el color más cálido, o como un daltónico te explica los colores.

Desde que ‘ser friki’ ha sido aceptado socialmente, las editoriales han encarecido los precios de las obras convirtiéndolas en ediciones barroquísimas, en las redes sociales se montan discusiones por no tener el carnet de fan y en el cine se nos bombardea con superproducciones de personajes que llevan en el papel desde casi 1938.

Las adaptaciones suelen ser de lo más peligroso. Que se lo digan a Nolan y a Affleck: el público siempre va a cojear por algún lado porque resulta casi imposible hacer LA adaptación: demasiados autores, demasiadas tramas, demasiadas temáticas como para que un director / guionista sepa dar en la tecla. Mucho menos si su primer contacto con el personaje es un año antes, con la luz verde de una productora.

Motivos a parte de por qué DC siempre (o casi, gracias Wonder Woman) se meta el batacazo, es otro asunto. Todo esto lo digo para ejemplificar que adaptar una obra que cuenta con chococientos números y autores diferentes es querer jugar a la ruleta rusa apuntándote al pie.

No obstante, existen muy buenas adaptaciones de cómics con Sin City, V de Vendetta o Watchmen que con sus más o sus menos, han sabido agradar al público. ¿Significa esto que cómics autoconclusivos o de pocos números son más fáciles de adaptar que “Oye @Bamf_, ¿por dónde empiezo a leerme Batman? ¿Me haces una lista?” La respuesta corta debería ser que sí, pero luego vino La Vida de Adèle que según cuenta la leyenda, está basado en el cómic de Blue is the Warmest Color.

Blue is the Warmest Color (2010) es un cómic franco-belga realizado por la historietista Julie Maroh. Su obra llegó a España por la editorial Dibukks. Años más tarde el director Abdellatif Kechiche leyó así por encima esta obra y decidió que igual, igual, podría atreverse a adaptarla (2013).

No hemos visto nada de este director salvo dicha obra. Le han llovido premios en los festivales (no entendemos por qué). De hecho con La vida de Adèle se llevó la Palma de Oro, el premio en el festival de Cannes y el premio en FIPRECI. Hasta aquí no tendríamos motivos para ser tan duras con él, ¿verdad?  Una película con temática homosexual gana en uno de los festivales más importantes de Francia como es Cannes. Lo mismo que Park Chan Wook ganó con Oldboy (2003) este señor ganó con La Vida de Adèle. Lo mismito.

El horror viene ahora. Desde 2013 no hemos vuelto a saber nada de él. El mundo del cine no ha echado de menos a este director, pero este año se ha atrevido con otra adaptación literaria con géneros, que Filmaffinity cataloga como ‘Drama. Adolescente. Años 90’. Las críticas son para reafirmarse una vez más que Kechiche dirige con la punta del nabo y hace zoom con el prepucio en las partes que él quiere.

“La red de cotilleos, celos, flirteos y magreos que Kechiche teje (…) es puro trabajo de orfebrería (…) [Hay escenas] que cargan de razones a quienes consideran a Kechiche un salido” — Nando Salvá: El Periódico

“Pese a sus innegables virtudes, la película se ve lastrada por su representación del cuerpo femenino. Kechiche reincide en lo que ya practicó en ‘La vida de Adèle’ (…) El director captura como nadie la electricidad del periodo juvenil” — Alex Vicente: Diario El País.

Alguna que otra crítica resalta que es un director que sabe capturar la sensualidad de los jóvenes, del cuerpo femenino y sus procesos hor…– un crítico Señor™. Sin ir más lejos Boyero habla de la película como “El filme es un prodigio intimista, que bucea con arte y sutileza en los sentimientos de una mujer” Sarandonga, cuchibiri cuchibiri, nos echamos a temblar.

Nos gustan estos momentos en donde ser exagerada está totalmente justificado a la hora de hacer un artículo y más si es de este tipo. Da igual de qué manera abordemos este tema; nunca daremos en el clavo con la horrible metedura de pata de este director, pero vamos a intentarlo:

Lo más destacable en la película es el cambio de nombre de Clementine a Adèle. A esto se le suma un cambio total en la estructura narrativa: mientras que en el cómic es circular, (flashback inducido por Emma al leer el diario de juventud de Clementine tras haber fallecido) la película sigue un orden cronológico: acompañamos a Adèle en todo momento desde su adolescencia.

Las decisiones tomadas en el guión de la película hace que incluso el género cambie con respecto al cómic. Se pasa de una tragedia a un drama. Aunque la obra de Julie Maroh acaba con una muerte, aún deja el sentimiento reconfortante de un amor verdadero: el poder de este supera incluso a la muerte, mientras que la película no hay ninguna muerte, sólo una ruptura por el desgaste de la relación y ambas toman caminos separados. Un drama. “No puedes ser feliz si te gusta el coño” como diría Victoria.

Y ya que vamos a pillarnos los dedos, el sexo. Ambos formatos tienen un gran contenido erótico, la única y abismal diferencia entre ellos es el tratamiento: en el cómic sirve para dar información sobre el estado de la relación como el deseo inicial, la curiosidad sexual, la evolución y confianza en la pareja. Kechiche en cambio lo hace todo para cumplir una fantasía masculina. Escenas de sexo lésbica hechas por un Señor™ para Señores™. “Las escena de sexo son explícitas y largas. Provocan turbación. Las actrices tienen que poseer confianza ciega en su director para que no las haya frenado el pudor.” (Boyero)

Una confianza tremendísima por parte de las actrices (Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos) en poner los ovarios sobre la mesa al hablar del comportamiento del director durante el rodaje. «La mayoría de directores ni siquiera se atreven a pedir las cosas que nos exigió, y si lo hacen, son más respetuosos. ¡Estuvimos diez días rodando la misma escena de sexo! ¡Díez días!»

Y es cierto que el cine está plagadísimo de anécdotas de directores que no hace más que joder a los actores para conseguir ESA toma, pero no pasan el nivel de inocentadas, como David Fincher en Gone Girl, quien se pasó todo el rodaje mandándole recados a Affleck para que fuese asumiendo el papel de pringado mojigato; pero muy pocos directores se atreven a cruzar la línea de la confianza y mucho menos en ese tipo de tomas donde se expone al completo la intimidad física de una persona. No hay una justificación alguna, ni siquiera la de que el mundo del cine, del espectáculo es cruel, que se mueve mucho dinero y es estresante, porque golpeo aquí con la película de The Handmaiden de Park Chan Wook.

También es curioso/chochante por lo que más ha resaltado la película al fin y al cabo son por las escenas de sexo, como si la película no tuviese otra cosa más, o una historia detrás.

Todo queda al final muy porno lésbico al nivel de una fantasía de un Señor™ de cuarenta y largos. Que la crítica y los espectadores sólo recuerden estas cosas hace que la dirección y el guión hayan fallado completamente, ya que ha pasado desapercibida la relación entre dos chicas.

Como todos sabemos, no todo en una relación es sexo. Una cosa muy bella del cómic es que no hace ninguna diferenciación entre una relación heterosexual y homosexual (como si la hubiera, ¿no?): cuando Clementine rechaza sus sentimientos hacia Emma es su amigo Valentine quien le recuerda que lo único que está haciendo es amar y eso no es ningún mal. La autora se posiciona y le habla a aquellos que tienen miedo a sincerarse con sus propios sentimientos y emociones. Les indica que no deben de tener miedo, que vale que este es un mundo de mierda, pero que tú solo vas a amar.

Los términos de relación y de amor de este cómic hablan universalmente independientemente del género de sus protagonistas: hablan de la chispa, el amor a primera vista, el nerviosismos de buscar a esa persona entre la multitud, recordar su olor, la complicidad, hablar hasta horas por teléfono, no poder dormir, hacer el amor hasta que te tiemblan ya las piernas, el desgaste, la pérdida de interés, el equivocarse, reconciliarse y demás. Es una relación como otra cualquiera que el cómic refleja muy bien. Las chicas tienen una complicidad y una evolución juntas que no sólo se muestra en las escenas de sexo, si no también por el contexto en el que están viviendo, el cómo Clementine y Emma viven su relación.

Cuando decimos ‘diferencia entre amor homosexual y heterosexual’ nos referimos a cómo lo trata el cómic y la película, ya que esta segunda maneja un discurso y llega a un final que parece invalidar las relaciones homosexuales: como ya hemos dicho, que todo se centre en el sexo, impide que se muestre el proceso natural de una relación, en cómo ellas van cayendo en el hastío, cometen errores que hablan y solucionan. En el film la ruptura se muestra muy brusca, se busca un culpable y se da por finalizada la relación. Clementine ahora busca rehacer su vida con un hombre en ese final abierto. Todo el metraje anterior queda reducido a ‘una etapa’ de Clementine, a una experimentación de la adolescencia y ahora que ha aprendido la lección tiene la oportunidad de rehacer su vida.

¿Cómo de difícil era hacerlo mal? Seguimos sin entender cómo es que nadie, en preproducción o producción se le ocurrió decir “esto no tiene nada que ver con el cómic, se te está empezando a ver la homofobia.

Desde aquí pediros por favor que le prendáis fuego a la película y le tapéis los ojos al cómic para que no vea el horror que han hecho con él.