El Cantar de Aglaé de Anne Simon

Anne Simon nos presenta un libro que parece coger los clichés y estereotipos de los cuentos de hadas para revolucionarlos y contar una historia completamente distinta. Así conocemos a Aglaé, una ninfa que tendrá que abandonar su hogar y enfrentarse a un mundo que le es desconocido, y en el que descubrirá la importancia de luchar por mantenerte fiel a ti misma.

Aglaé vive feliz y tranquila en un lago, hasta que llega un sinvergüenza que la abandona cuando descubren que está embarazada. Tendrá que sufrir además las críticas de su propio padre, que acaba echándola de casa, e, indirectamente, la del monarca de esa sociedad desconocida para ella, que impone la pena de muerte a las madres solteras. Nuestra protagonista se ve forzada a abandonar su libertad y acaba conformándose por un matrimonio sin amor con el dueño de un circo, que al menos le protege de la falocracia imperante en el reino. 

Podemos decir que al principio de la historia nos encontramos con un personaje bastante inocente, no sólo cuando se encuentra sóla después de haber dejado su casa, en el fondo ignora la forma en la que funciona una sociedad de la que nunca ha formado parte, pero también en la forma en la que Aglaé acaba quedándose embarazada, en un suceso que nos recuerda a la Fantine de los Miserables, y que todas estábamos viendo cómo iba a acabar desde el primer momento. Pero desde luego, si Aglaé empieza siendo bastante inocente, se pone las pilas rápido y nos demostrará valentía ante el peligro y una fuerza de voluntad indomable.

En el fondo nos encontramos con un cuento de hadas sobre la opresión, aunque eso suene raro. Simon describe la estructura básica de los sistemas de opresión en la historia, a lo largo de toda su obra. Hay un grupo dominante que aprovecha su posición para maltratar a un grupo marginalizado, si este grupo no acaba desapareciendo, comienzan a haber descontento con la situación y la intención de cambiarla. Cuanto más se esfuerce el grupo dominante en mantener su posición a base de oprimir al grupo marginalizado, más se rebelará este. Y en todo esto, el grupo dominante acusará al grupo marginalizado de ser violento y hostil, sin tener en cuenta las acciones que han llevado a ese grupo a tal nivel de hostilidad, porque así puede hacerse la víctima. ¿Nos suena de algo?

Lo importante de este ciclo es que es circular, eventualmente los grupos marginalizados que consiguen zafarse de la opresión del grupo dominante suelen hacerlo apoyándose en la opresión de otro grupo distinto. Y este carácter aparentemente eterno también lo vemos en el Cantar de Aglaé y en las acciones de esta. No es una crítica de Simon al feminismo, más bien nos está hablando de la naturaleza humana y nuestra capacidad de cagarla mucho. Este es el resultado que conseguimos cuando el progreso se trata de dar rienda suelta a nuestros peores instintos. 

La opresión en la vida real, y la que vemos en esta obra, son situaciones complicadas, que no solo funcionan como un enfrentamiento de clases en un contexto histórico materialista, sino que afectan personalmente a los que se encuentran sujetos a ella. La opresión, nos dice Simon, también puede nacer de decisiones personales, a la reacción que tenemos nosotros frente a situaciones que están completamente fuera de nuestro control. Aglaé tiene una vida muy dura y lucha con uñas y dientes contra un mundo cruel que parece empecinado en mantenerla en su lugar, y cuando consigue zafarse de esas cadenas, su propia historia la lleva a tomar decisiones que a veces son buenas y otras con catastróficas. 

El Cantar de Aglaé es, sin duda alguna, un cuento de hadas feminista, también. No solo en sus personajes femeninos complejos y variados, sino en la forma tan clara y honesta de tratar la posición de las mujeres en la sociedad, la del cómic y la nuestra. Y parte de ese discurso feminista es el argumento que hace sobre la masculinidad y cómo  la mayor parte de los problemas que encontramos en el libro son consecuencia de una lista de hombres que intentan controlar a Aglaé. Es al final otro reflejo de esa naturaleza humana de la que hablábamos antes, la estupidez que nos define en tanto que seres humanos, es muy peligrosa cuando la mezclas con una posición de poder, y cuando lo unes a siglos de dominación por parte de un grupo, acaba definiendo el tejido de una sociedad que hace muy difícil un resultado distinto aunque haya una revolución feminista. Una moraleja muy del estilo de Y, el Último Hombre de Vaughan: no podemos escapar de la sociedad en la que nos criamos, y sin una deconstrucción previa, ninguna revolución feminista acabará con un resultado diferente. 

Es muy fácil quedarse prendado del estilo entre adorable y aterrador de Simon, un dibujo que encaja perfectamente con la historia que pretende contarnos, y que te absorbe en el libro sin que te des cuenta, hasta que ya te ha colado la idea que nos quiere contar. En conclusión, el Cantar de Aglaé nos parece un libro interesante, con mucho que decir y con una voz propia que vale la pena escuchar, así que id a comprarlo.