Cuéntalo por Laurie Halse Anderson y Emily Carroll

“He dicho que no” Y de repente ya conoces el miedo del que te va a hablar el cómic. Te acuerdas de todas las veces en tu vida que has querido decir que no y no podías. O cuando ni siquiera tuviste la opción de decirlo. Un terror tan cotidiano para la mayoría de nosotras que hace que esta sinopsis sea tremendamente efectiva. Pocas sinopsis vais a encontrar como esta.

Además, era una obra que venía con el nombre de Emily Carroll, una artista que ya con su obra Cruzando el Bosque demostró con su particular estilo, gran narrativa visual centrado en el género del terror. Nadie mejor que ella para crear el escenario perfecto para uno de los monstruos más horribles y repugnantes, que ninguna mujer tendría que conocer jamás, pero con el que estamos acostumbradas a convivir y al que Laurie Halse Anderson da vida en estas páginas primero en su novela Speak (adaptada al cine con título homónimo en 2004 por Jessica Sharzer. Si os sorprende que sea una directora es porque es la productora de la película).

Si os hacéis una idea de los temas que puede tratar el cómic, estaréis de acuerdo con nosotras en que uno de los elementos más aterradores es el silencio asfixiante y en este cómic está muy presente: Melinda prefiere morderse la lengua, casi literalmente, a enfrentarse al juicio de los demás, aún cuando ese silencio la está envenenando. Llega a hacerlo de tal manera que cree realmente que no tiene nada que decirle al mundo, que su voz no vale nada y es esto lo que angustia al lector. No porque este aterre (que también) sino por la impotencia que da el leer y sentir las decisiones que toma nuestra chica para no volver a abrir la boca. Queremos con todas nuestras fuerzas que Melinda diga todo lo que tiene que decir, pero no podemos mentirnos a nosotros mismos y pensar que no haríamos lo mismo en su situación.

Nos podemos poner aquí más simbólicas y rascar más entre las similitudes señalando la elección de un instituto como la localización central del relato: en esos años de formación cambiamos, descubrimos cosas sobre nosotros mismos, perdemos el control sobre quienes somos para acabar -con un poco de suerte-, siendo adultos funcionales. Cambio y evolución impulsados por un terror de lo más humano y que Melinda tendrá que superar, quiera hacerlo o no.

Como nos hemos metido en este berenjenal, ya tenemos que hablar de la figura del árbol, que ya vemos en la portada. Este elemento de la naturaleza más antiguo que el copón simboliza muy bien lo que es todo el proceso de la protagonista: un árbol podrido es capaz de volver a nacer si se tiene la fuerza y el valor suficiente para cortar los trozos más afectados; y sí, su aspecto cambiará por completo, menguará y se sentirá desnudo, pero volverá a nacer y a florecer, pero todo depende de Melinda. Ella tiene que ser el motor que lo impulse todo justo como la portada parece simular con las líneas de su pelo sobre el tronco, dando la sensación de una corriente de energía que fluye y da vida al árbol.

Podar es un proceso violento, crecer es un proceso violento, y más aún cuando perdemos la agencia para tomar decisiones sobre nuestra vida y nuestro cuerpo. Pero es una acción necesaria, que puede sanar y revivir hasta el árbol más hundido, siendo, sin duda, un trabajo peligroso.