Cruzando el bosque de Emily Carroll

Los géneros más difíciles sobre los que uno puede escribir son la comedia y el terror. En ambos es muy fácil (y casi tentador) caer en una serie de elementos que, más que cumplir con los cánones del género, acaban dejando una obra vacía y sosa. En el primero son los chistes de cuñaos y en el segundo es la sangre por el simple hecho de que es sangre.

El género de terror se ha usado durante mucho tiempo como excusa para hacer crítica social porque, precisamente, tiene que examinar qué nos da miedo bien a nivel de individuo o a nivel de una comunidad y así volverlo contra nosotros con un mensaje de “oye, haceos mirar esto”. En 2012 nos aterraba el fin del mundo, luego las guerras bacteriológicas y hasta el momento, que tu historial de Internet se haga público y se filtre tus búsquedas de  “jovencitas escriben de cómic y sus nombres”.

Sí es cierto que esto puede corresponder simplemente a las modas y a los intereses financieros de un señor de Hollywood, lo cierto es que independientemente de todo esto, el género de terror goza de una serie de conceptos e ideas atemporales que están atadas al subconsciente de todo espectador, o en este caso, de todo lector.

Por muy avanzados que estemos como sociedad, por muchas veces que admitamos que nos da más miedo descubrir que esa pestaña de navegación privada no era tan privada, lo que nos aterra realmente son detalles mucho más simples: una mirada rara, un parpadeo en la oscuridad, el movimiento de una cortina… elementos muy básicos que nos aterran. Ahí está la dificultad del género de terror: hay que mantener la simplicidad e ir a la base del terror.

Y esto lo  hace puñeteramente bien Emily Carroll. Donde esté ella, que se aparten los Hermanos Grimm, por favor. Ella es la nueva autora a la que tenéis que relacionar con los cuentos góticos (y otras historias menos góticas pero más aterradoras que también dibuja), porque además de todo lo que hemos dicho en esta (perdón) larga introducción, se sirve de otros dos grandes engranajes que dan fluidez al terror: la primera se mueve por la fuerza de la curiosidad, es decir, cuanto más tardes en enseñar a tu monstruo, más tiempo estará enganchado tu lector; la segunda se mueve por la fuerza de la imaginación y de ese pequeño goce que tienen los adeptos al género de terror: da más terror lo que tú especules que lo que el autor finalmente te enseñe.

¿Todo eso? Pues Cruzando el bosque. Y aquí podríamos dejar la reseña.

Pero como nos pagan (oh, wait) por palabras, os tenemos que seguir convenciendo de la obra.

Emily Carroll ha conseguido en este compendio de relatos cortos transmitir una aura de terror que queda perfectamente armonizada con el uso que hace de su estilo gráfico: grandes contrastes de colores saturados (negro, rojo y azul) junto con un trazo fino que parece moverse sin límite entre las viñetas para aterrizar de golpe en páginas completas que aprovecha para mostrar esa última escena que es ‘el terror’

Si algún día nos preguntáis cuáles son los elementos de un cómic de miedo, os vamos a recomendar de cabeza a esta autora, pues a conseguido incluir en cada uno de sus relatos aquellos elementos de los que hablábamos al principio desde los más difíciles, como representar la respiración alterada, hasta los más simples como la atmósfera dell bosque como ‘lo desconocido’ y lo más malrollero de esta vida (y si no, que se lo pregunten a The Blair Witch Project).

En definitiva, si queréis disfrutar estas navidades de algo más terrorífico que estar sentados en la mesa al lado del cuñao de turno, os recomendamos esta obra de historias cortas que os dejarán el corazón encogido y con la duda de saber qué les habrá pasado a esos personajes.